Alex de la Iglesia, uno de los dos grandes creadores del cine español de las últimas tres décadas, vuelve a la carga con su ultimo filme “El bar”, una historia que en la línea de las elegidas de sus más memorables creaciones aborda a gente común, en lugares comunes, en situaciones extraordinarias, y que se estrenará el próximo jueves en el país.
En “La comunidad” fue en un edificio de renta, en “Crimen perfecto” en una sucursal de El Corte Inglés, en “Balada triste de trompeta” el Valle de los Caídos, en “Las brujas” una cueva, y en “Mi gran noche” un estudio de televisión, mientras que ahora ese lugar común es un bar del centro de Madrid, donde todos en su interior quedan atrapados.
El encierro comienza cuando alguien desde afuera del local dispara mortalmente a alguien que va a entrar allí, después que un desconocido entra a velocidad en el baño mientras un pordiosero dice una sarta de disparates, un grupo de personajes variopintos, incluso un mozo y la propietaria, al no poder huir por la calle, lo intentarán por los subsuelos.
Las sospechas de lo que ocurre afuera son diversas y lógicas, lo que no imaginan es que en función de sobrevivir, todos estos personajes, y los que superen incluso sus propias miserias, irán descendiendo al infierno por infierno, peldaño a peldaño, como en una suerte de “Divina Comedia”, a pura violencia, por un minuto más de vida.
De la Iglesia construye su narración como si fuese un cómic, y no le teme a la claustrofobia ni a lo revulsivo, llevando a sus personajes a los extremos más delirantes. Sin dejar de ser vasco, y observador de la España del presente, convierte a su viaje en universal porque ¿dónde no existen bares y este tipo de personajes?
TIPOS COMUNES
“En España, en 1984, hicieron un ciclo con un grupo de películas de (Alfred) Hitchcock y tenía un tagline: ‘Un pobre hombre metido en una tremenda historia’ y de pronto dije, es esto lo que quiero contar: gente que se ve superada por una situación que no controla”, reconoce el cineasta sobre su tendencia de colocar a personajes mundanos en situaciones que escapan a la lógica, algo que vuelve a suceder en “El bar”.
Y agrega: “Yo creo que es la vida. La vida es una película empezada, a la que llegas, te colocan en una casilla, tienes que moverte de una manera y te juzgan por ello, no te dan la oportunidad de controlar la situación, nadie te da instrucciones de cómo hacerlo: oye, si haces esto, esto y esto, sobrevives, o si hace esto, mueres. Nadie te dice cual es el secreto. La vida es un juego en el que no conocemos las instrucciones, las vamos conociendo mientras jugamos... Eso me parece injusto en la medida que nos han dicho que si hay unas reglas”.
VEROSIMIL
Para que estas situaciones extraordinarias resulten más verosímiles, revela, “me gustaría que todo fuese real menos lo que cuento, para que de alguna manera el paquete donde está incluida mi mentira, que es mi historia, resultase atractivo, por lo menos comprable para el espectador, que entienda lo que pasa, que no se sienta engañado”.
En, este sentido, “lo bueno de un bar es que es un lugar en el que te sientes seguro, un lugar pequeño en el que el drama se establece de la misma manera, tienes relación con gente desconocida que no sabes quiénes son, y sin embargo no te sientes obligado a hablar con ellos, puedes rechazar el juego, sentarte, pedir un café e irte, pero tienes la tentación, alguien muy cerca, que puede ser ese ángel que te puede sacar de tu infierno, o un demonio que te empuja al suyo”.
¿“El bar” opera, entonces, como diván? “Más que un bar puede ser un ring, una especie de lugar en el que te enfrentas a una situación pequeña que resuelva tu vida, entonces los problemas se ven con más claridad”, afirma.
El cineasta no está solo, con su guionista mano derecha Jorge Guerricaechevarría, y figuras como Blanca Suárez, Mario Casas, Carmen Marchi, Secun de la Rosa, Jaime Ordoñez, Terele Pavez, Joaquin Clement, y el argentino Alejandro Awada en el elenco.
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